Por Erick Cabrera
El
movimiento osuno nace como una propuesta contestataria que criticaba muchas de
las cosas que en la “comunidad gay” de consumo se reproducían (y se reproducen).
Los osos de la primera generación, los abuelos osos, nacieron como una apuesta
revolucionaria, anti sistémica y anti normalizadora oponiéndose a las categorías
y prácticas impuestas por la dinámica mercantil capitalista y aplicadas de
manera infame en la “comunidad gay”. Se podía decir que los primeros osos
contaban con un “canon ideológico” bastante nutrido.
Elementos
como la belleza, las expresiones de género (feminidad, masculinidad), y las
prácticas de consumo (licor y drogas) eran verdaderas cuestiones interesantes dentro de
los osos, y como tal, hacían parte de un gran conjunto de temas centrales para
el análisis y discusión.
Todo
esto generó un fuerte nivel de identidad, que poco a poco se fue configurando
en lo que hoy conocemos como “cultura bear” o “cultura osuna”.
Pero
¿Cuál es la realidad actual de los osos? Lamentablemente todo aquello que
impulsaba una lucha contracultural desapareció de los que nos ubicamos en la categoría
“osos”.
Tanto
“cazadores” como “osos” hemos caído en la trampa del consumo. Ahora todo gira
en torno a los bares, la rumba y el sexo, y simultáneamente se reproducen prácticas
de misoginia, plumofobia, transfobia y corporalidad obligatoria. En esto quiero
dejar muy bien planteada mi posición, esto no es un juicio moral, es la
caracterización de una realidad. El tema no está en si la rumba y el sexo son
buenos o malos, sino en que se han constituido en lo único que congrega a aquellos
que estamos por fuera de la “comunidad gay” por nuestra corporalidad y
masculinidad.
Entre
los muchos retos del movimiento osuno está la construcción de un verdadero
movimiento social que luche en oposición a la “belleza” mercantil y a feminidad
obligatoria, y que contribuya a la superación de temas bastante complejos como
la misoginia, el machismo, el patriarcado, la masculinidad hegemónica, la
plumofobia y la transfobia, entre otros.
No
estoy de acuerdo en que se acabe la rumba y las dinámicas de “bear-socialización”,
pero creo que se debe recuperar aquello que contribuyo a que existamos como
cultura.

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