sábado, 17 de noviembre de 2012

Contra las dinámicas de superficialidad osunas


Por Erick Cabrera

El movimiento osuno nace como una propuesta contestataria que criticaba muchas de las cosas que en la “comunidad gay” de consumo se reproducían (y se reproducen). Los osos de la primera generación, los abuelos osos, nacieron como una apuesta revolucionaria, anti sistémica y anti normalizadora oponiéndose a las categorías y prácticas impuestas por la dinámica mercantil capitalista y aplicadas de manera infame en la “comunidad gay”. Se podía decir que los primeros osos contaban con un “canon ideológico” bastante nutrido.

Elementos como la belleza, las expresiones de género (feminidad, masculinidad), y las prácticas de consumo (licor y drogas) eran  verdaderas cuestiones interesantes dentro de los osos, y como tal, hacían parte de un gran conjunto de temas centrales para el análisis y discusión.

Todo esto generó un fuerte nivel de identidad, que poco a poco se fue configurando en lo que hoy conocemos como “cultura bear” o “cultura osuna”.

Pero ¿Cuál es la realidad actual de los osos? Lamentablemente todo aquello que impulsaba una lucha contracultural desapareció de los que nos ubicamos en la categoría “osos”.

Tanto “cazadores” como “osos” hemos caído en la trampa del consumo. Ahora todo gira en torno a los bares, la rumba y el sexo, y simultáneamente se reproducen prácticas de misoginia, plumofobia, transfobia y corporalidad obligatoria. En esto quiero dejar muy bien planteada mi posición, esto no es un juicio moral, es la caracterización de una realidad. El tema no está en si la rumba y el sexo son buenos o malos, sino en que se han constituido en lo único que congrega a aquellos que estamos por fuera de la “comunidad gay” por nuestra corporalidad y masculinidad.

Entre los muchos retos del movimiento osuno está la construcción de un verdadero movimiento social que luche en oposición a la “belleza” mercantil y a feminidad obligatoria, y que contribuya a la superación de temas bastante complejos como la misoginia, el machismo, el patriarcado, la masculinidad hegemónica, la plumofobia y la transfobia, entre otros.

No estoy de acuerdo en que se acabe la rumba y las dinámicas de “bear-socialización”, pero creo que se debe recuperar aquello que contribuyo a que existamos como cultura.

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