Licántropo
salvaje, animal insaciable y feroz,
bestia
que ha clavado sus colmillos en mi.
Me has
hecho tu esclavo que ansia el castigo delicioso
de tus
garras que cavan surcos en mi humanidad,
tu
suave pelaje que apesta a almizcle excita mi animalidad,
me enciende
en celo y abre todos los cerrojos de mi cordura,
tu
aliento carnívoro exhala cadenas que se clavan hasta mis huesos,
te temo
y te deseo,
ansió
sentirme agonizante bajo el peso de tu cuerpo
que
exuda miel silvestre
dejándome
pegado a ti sin escapatoria posible.
Trasportas
mi conciencia a la mazmorra oscura del placer y
dominas
mis sentidos hipnotizándome con la plateada luna de tus ojos intimidantes
y
desorbitados por el hambre.
Húndete
de nuevo en mi e invádeme con tu veneno,
dulce
cicuta que deseo.
Asfíxiame
y destrózame, mátame lenta y placenteramente
para
disfrutar hasta la muerte la gozosa libertad que explota
dentro
cuando hayas desangrado mi cerebro.
(Poema de un amigo cazador, Nacho Valesco)


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