domingo, 30 de diciembre de 2012

¡Que vivan las barrigas y los vellos!





Por Erick Felipe Cabrera Mocetón

Como resultado de un arduo proceso de normalización impulsado por el establecimiento y sus dinámicas de mercado, se ha impuesto un esquema único de belleza, en la que la estética y el buen gusto burgués se manifiestan en ideales de cuerpos perfectos, cuerpos lampiños, con músculos marcados y caras con rasgos suaves. Pero, eso no es solo un tema de construcción corporal, sino además de racializacion. Es común escuchar aquello de “negro ni el teléfono”, aludiendo a que las relaciones con personas racializadas y leídas como “negros” no son una opción ni erótica ni afectiva.

Ese modelo de belleza impuesto de manera sistémica se ha convertido en la primera característica de calificación entre sujetos antes de tener cualquier tipo de relación. Lo primero que una persona analiza antes de relacionarse con otra es su aspecto físico. En éste sentido, aquellos cuerpos que resisten a la tiranía de la belleza, terminan siendo desechados, marginados y limitados al grupo de los cuerpos feos. Los osos sufrimos a diario la opresión sistémica de la imposición de un modelo de belleza que excluye naturalmente a los gordos y velludos. La resistencia osuna a la regulación corporal pasa por muchos pretextos, como por aquello de que ser delgado es más saludable que no serlo, o que los vellos en exceso causan alergias, entre otras miles de mentiras que el sistema hipócrita utiliza para determinar qué es realmente comercial o qué no lo es.

Lo anterior está atado de manera perenne a las relaciones de consumo capitalistas, a la comunidad gay de consumo, y a los estereotipos de la estética heteroburguesa en decadencia.

¡Que vivan los cuerpos en resistencia!

¡Arriban las barrigas y los pelos!

¡Muerte a la belleza!



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